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MI MADRE

Publicado el 04/05/2024

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Escrito por La Rosaleda

ERAN LOS AÑOS SESENTA

Cuando mi madre se jubiló, tras cuarenta años de docencia, volvió a su pueblo. Había salido muchos años antes, viuda y con tres hijos para acercarse a la capital, donde pudiéramos estudiar. Eran los años sesenta.

    Con la herencia de sus padres compró una casa en un barrio nuevo de casas baratas, donde vivían familias que habían ido al pueblo desde el campo.

   Arregló la cochera como un salón, con una chimenea en el centro, siempre encendida en invierno y un tinajero en un rincón. Ocho mecedoras tenía.

  Allí se reunían las vecinas a platicar y a hacer alguna labor, de costura, de punto o de ganchillo que ella les dirigía.

  Si le habían suspendido las matemáticas al nieto de “la María Jesús”, Doña Catalina se las repasaba.

  Si la nieta de “la Pepita” iba a hacer la comunión y no se sabía el catecismo pues mi madre le ayudaba con paciencia y dedicación.

 La tía Josefa bajaba al pueblo en bicicleta, con ochenta años, y pasaba a ver si mi madre necesitaba algo de la farmacia.

Otro vecino le llevaba tomates de su huerto o le injertaba el almendro qué nació en el patio de melocotonero.

  Cuando íbamos a verla los hijos y los nietos nos mandaba ir a saludar a algunas vecinas con las que tenía un especial afecto y cuando nos visitaba estaba deseando volver a su casa con la excusa de que tenía que regar los rosales y dar de comer a los gatos. Pero la verdad era, que le gustaba estar en su casa y vivir a su manera.

  Mi madre y sus vecinas, no sabían lo que era el Cohousing pero practicaban la amistad, la colaboración, el apoyo mutuo crianza que es la base fundamental de esta forma de vida.

Encarna

       

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